Comienza 2026, un nuevo año no exento de interrogantes, controversias e inquietudes, sin embargo, y al mismo tiempo, un año de expectativas, proyectos, deseos y algunas cosas más. En mi caso 2026 me encontró en Asturias, España, en un viaje, de hace poco más de un mes, no planificado ni esperado (al menos conscientemente) pero recibido con gratitud.

Al salir a la calle y ver los bares y cafeterías, con gente en las mesas, reunidas, animadas y compartiendo entre ellas, personas de diferentes edades, quizás de diferentes, o no tan diferentes, procedencias o condiciones, con diversas historias personales, vivencias y experiencias transitadas, me percato que hay algo, aunque intangible pero visible: el diálogo. El diálogo como sustancia que nos une de una u otra manera, nos une dinámicamente, es decir, una unión que da lugar a posibles procesos de cambio, de creación de espacio para la generación de ideas, emociones, motivaciones y percepciones por parte de los presentes. Una unión que abre portales invisibles para la creación de nuevas realidades, empezando por la posible resignificación de nuestra propia realidad actual.

Sigo caminando por las calles y voy dialogando conmigo mismo, escuchando mis propios pensamientos, emociones y sensaciones, observando mis percepciones con calma y compasión mientras me siento integrado a mi propia realidad, a este mundo visible coexistiendo con el gran invisible, al observar los rostros de las personas que me rodean, los sonidos, los olores, los cambios de temperatura al pasar por diferentes lugares, los cambios de ritmos o velocidades, al sentir la energía que me rodea. Me encuentro en un mundo muy rico y complejo pero al mismo tiempo muy simple y puro, tal como lo puede ser contemplar una flor en primavera mecida por el viento. Me siento parte de todo.

A ti, que estás leyendo estas líneas, te deseo un gran 2026, un año que te dé la posibilidad de seguirte conociendo, de seguir creciendo, de seguir edificándote, de seguir cavando en tu propia identidad y seguir descubriendo maravillas escondidas, de seguir tallando en la roca de tu propio ser y seguir expandiendo esa obra maravillosa que hay en ti y que sólo ve la luz cuando la buscas y cuando caminas el sendero, de día y de noche.
Te deseo un gran 2026, un año que te dé la posibilidad de seguirte conociendo.
Te invito a que juntos hagamos de este año un escenario de restauración, de cambio y de conexión, en el que podamos sintonizar con seres afines y formar comunidades de aprendizaje y crecimiento; en el que podamos seguir haciendo de este un mundo mejor.
Te deseo un provechoso año lleno de paz, crecimiento y logros de todos los tamaños, para seguir conectando, creciendo y transformando. ¡Feliz 2026!
Únete a la conversación…
Comparte tu perspectiva, pregunta algo o cuenta una experiencia relacionada con el artículo.
Valoramos el diálogo respetuoso y transformador: tu voz aporta y enriquece.









